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El Origen de Shaika es muy Antiguo
...es un Cuento...
...no es Real...

 

El Mítico Lugar de Sátlar

 

 

(...el Delfín nadaba por las Aguas del Firmamento buscando Su Estrella del Mar para llevarla a su Palacio, al Mítico Lugar de Sátlar, a lo Alto de la Montaña MáiDa, y besarla delante de la Fuente Púrpura del Fuego Que No Quema, para recuperar sus Figuras de Hombre y Mujer que les robó una Sacerdotisa del Templo de las Aguas  al sorprenderles haciendo el Amor en su Jardín del Mar Dorado, transformando él en delfín y ella en una estrella de mar y arrojándolos en el firmamento...)

 

(...La Fuente Púrpura del Fuego Que No Quema: Está en la Plaza del Amor Eterno, en el Mítico Lugar de Sátlar, a lo Alto de la Montaña MáiDa, en la Isla de Creta...)

 

D

ice la Leyenda que cuando Sátlar, el Dios de las Aves, regresó un día del invierno de su Lejano Viaje anual al Oriente, donde buscaba la Flor Blanca llamada Sirvanta para preparar el Elixir que mantenía Joven a su Bella esposa VáiNa, que en su lenguaje significaba Luz De Estrellas, y de este modo podía vivir eternamente al lado de su Inmortal esposo, cayó en una trampa que le tendió su mayor enemigo, el Dios de los Lagos, Manúr, que se había enamorado locamente de la esposa de Sátlar.

 

H

abía nevado y el aire frío que azotaba las Grandes Alas del Dios Sátlar entumecía sus músculos, y el vaho de su Aliento le nublaba su vista, y no había comido desde hace cuatro días, porque tenía que ganar tiempo. Esta vez la búsqueda de la Flor Blanca Sirvanta había durado mucho más que lo normal, debido a que un incendio había destruido la mayor parte del bosque donde florecía, allá al Oriente, donde los Tres Ríos confluyen en un único Lago en cuyo seno se halla la Isla de los Hombres con la Piel de Color de Oro, los llamados Satúri, que quiere decir Los Guardianes de la Puerta. Sátlar tenía hambre y estaba cansado. Tenía que tomar un pequeño descanso para recuperar fuerzas y alzar de nuevo su vuelo hacía su morada, donde le esperaba VáiNa.

 

M

anúr sabía que Sátlar pasaría por encima del Jardín de los Cedros, día y medio de vuelo de su morada, y se alió con el Dios Dámhar cuyos poderes dominaban a los Elementos del Aire, para crear una condiciones climatológicas adversas que obligarían a cualquier viajero parar en el Jardín de los Cedros donde decían que sus manjares y sus vinos eran  propios de Dioses.

 

S

átlar, desde lo alto divisó los cinco fuegos que iluminaban la entrada del Jardín, y velozmente se precipitó sobre las ramas del árbol más alto del Jardín. Con su mirada penetrante escudriñó el paisaje y con sus Sentidos percibió el aire que le rodeaba. Había algo inquietante y perturbador que encogía su corazón y decidió reanudar su vuelo sin repostar de fuerzas, pero entre los arbustos apareció un niño de unos seis años que llevaba en sus manos un poco de carne y vino. Era la costumbre que los niños del lugar ofrecieran comida y bebida como ofrenda a los árboles más altos de su lugar porque así creían que les ayudarían a crear raíces fuertes cuando se hicieran mayores y tendrían una familia sana. El niño se acercó en la raíz del árbol donde se posaba Sátlar y depositó con cuidado sus ofrendas. Luego acarició el árbol y silenciosamente, así como apareció, desapareció entre los arbustos desde donde había venido. Sátlar tenía mucha hambre y prisa para percibir una leve sonrisa sobre los labios del niño y no se dio cuenta del brillo de sus ojos. Bajó de las ramas del árbol y comió la carne y bebió el vaso de vino. Luego cerró por unos instantes sus ojos para descansar su vista y acariciar con su mente a su joven esposa, en su lecho azul donde la brisa del mar refrescaba sus cuerpos después de su intensa pasión de amarse.

 

C

uando los abrió de nuevo habían pasado Nueve Años. A su lado yacían los restos de la comida, el vaso vacío y lo que quedaba de lo que hace años era la Flor Blanca Sirvanta, un polvo blanco que se esparció por el aire al grito desgarrador del Dios Sátlar. Se precipitó a un vuelo frenético para alcanzar su morada antes de anochecer. En su furia el viento se apartaba, las nubes le abrían el paso y el sol no se puso durante todo el día. Encontró su morada abandonada. La maleza se apoderaba de las piedras y los riachuelos que rodeaban lo que antes eran jardines estaban secos. Sobre su lecho azul encontró el cuerpo sin vida, pero intacto, de su joven esposa VáiNa, acostada con su vestido de noche y con una Rosa Blanca entre las manos, fresca y con los pétalos rociados por unas lágrimas que se habían cristalizado y parecían brillantes. Desde su Corazón emanaba una Luz Púrpura que rodeaba como un halo todo su cuerpo y lo protegía en una cápsula etérea que parecía flotar sobre la cama, sobre el lecho de su amor que tantas y tantas veces le había servido como un crisol para fundirse en un único abrazo y hacer latir sus corazones al unísono llenando el espacio con la música de sus agitados alientos.

 

S

u Grito hizo estremecer las Moradas de los Dioses en las Cinco Tierras, y dicen que pasó varios años al lado del cuerpo de su esposa que seguía al mismo estado que la encontró. Dicen que castigó al Dios de los Lagos, Manúr, destruyendo sus Templos y borrando su nombre de la memoria de los hombres, y le cegó, y le encerró en una gruta en un acantilado del mar donde la marea le cubría hasta la cabeza y la sal le cubría su dulce piel, y dejó que las bestias marinas se alimentaran de su carne, hasta que los demás Dioses se apiadaron de él y decidieron en una reunión muy tormentosa dar muerte a su cuerpo, y encerraron su mente en una cápsula de cristal que escondieron muy lejos de la furia de Sátlar, allí donde se pone el Sol y el Agua lo cubre Todo. Dicen que al Dios Dámhar le encadenó en un árbol y luego le perturbó la mente haciéndole creer que vivía en la Oscuridad Eterna, donde los Susurros de los Muertos anuncian penas que hielan la sangre y los llantos enloquecen la razón, así estuvo preso hasta que su hija DaMáiLa consiguió calmar la ira de Sátlar ofreciéndole un Lugar en la Montaña MáiDa para reposar el cuerpo de su esposa, lejos del alcance de los hombres, y más cerca de las Aves, donde el clima creado por los elementos que dominaba su padre permitiría una Primavera Eterna, propia de la belleza de su esposa VáiNa. 

 

E

l Lugar no tenía nombre, y Sátlar mandó a Todas sus Aves buscar Piedras en las Cinco Tierras, Regalos de los Dioses, para construir un Muro que separaría de la Vista Exterior el Lugar escogido, el Lugar de Sátlar. Allí construyó un Palacio y Jardines y en el Centro, en una plaza que mandó a llamar la Plaza Del Amor Eterno, una Fuente que se alcanzaba por un único Camino, el Camino de la Fuente Púrpura, y tenía una Ventana Circular hecha de Piedra que dejaba ver en su Interior una cápsula de Cristal que rodeaba el cuerpo intacto de la Joven VáiNa que yacía allí así como la encontró Sátlar, con la Rosa Blanca entre sus manos... rodeada de miles de Rosas Blancas que su aroma embriagaba al Dios Sátlar y le hacía soñar con Recuerdos que unas veces dibujaban sobre sus labios sonrisas, y sobre la isla reinaba el sol, y otras veces mojaban sus mejillas como lágrimas que apagaban la brillante mirada de sus Ojos Verdes y Azules, y sobre la isla llovía y se apoderaba el otoño...

 

D

icen que un día Alzó mucho su vuelo y se perdió entre las Estrellas, y ningún Dios supo explicar el porqué, ni a donde se había marchado... pero comentaban los Dioses que cuando se marchó, se rompió el Cristal que protegía el cuerpo de su Joven Mujer, y este Ardió en una Llama de Color Púrpura y se transformó en Un Fuego Que No Quema... y No Se Apaga... en el Fuego Del Amor... y comentaban los Dioses que la Rosa Blanca se Transformó en Roja, y luego las Lágrimas que eran Brillantes rodaron hasta caer en las Aguas de la Fuente y se tornaron a Luces Destellantes que se alzaron hasta las estrellas y se perdieron en su inmensidad para formar en alguna parte un Faro para guiar de nuevo al Dios Sátlar encontrar de nuevo el Camino de la Fuente Púrpura... y desde entonces todas las Rosas del Lugar de Sátlar cambiaron su color a Rojo...

 

A

ños después los Dioses abandonaron sus moradas y la gente vivió con su recuerdo durante  mucho tiempo...   y dicen los enamorados que si se besan delante de la Fuente Púrpura del Fuego Que No Quema se rompen los hechizos y nadie puede dañar su Amor, Nunca, y buscan incesantemente el Mítico Lugar de Sátlar...

 

O

tras Leyendas dicen que unos pocos, en épocas diferentes encontraron este Lugar Mítico en la Montaña MáiDa y conservaron el Secreto... otros dicen que no se trata de diferentes personas, sino que es el mismo Dios Sátlar que periódicamente encuentra el Camino De La Fuente Púrpura guiado por un Faro entre las Estrellas y con Forma Cambiante Visita Su Palacio y Revive Con Su Esposa la Historia.... una y otra vez...